Todo

Tantas veces eschuché

que en el vacío no había nada

Que lo creí.

 

Nada, 

después de tí no hay nada

después de perder no hay nada

después de quedarme sin nada,

vacía... No hay nada.

 

Y en este punto desde la nada

donde no me consideraba

nada más que nada,

sin miedo a perder 

lo que ya no me quedaba

decidí entrar a oler ese vacío 

y dejarme absorber 

hasta el olvido.

 

Pero no fue así.

El vacío era denso, 

pastoso, espeso

y profundamente intenso.

Y me absorbió

hasta empaparme de conocimiento

y sacar lustre a mi intelecto

dejando mi parte inerte

apilada en un rincón

después de un peeling de conmoción.

 

Y de ahí resurgí,

de la nada.

De la nada al vacío

donde creía no había nada

y el vacío

no sólo no era nada,

sino que

desde ese momento

lo fue 

Todo.